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El Celta dilapida en casa lo que gana fuera

El Celta de Claudio Giráldez no solo desafía la lógica del fútbol tradicional por la permanente mutabilidad de su once y querencia por la rotación. El conjunto celeste es también uno de los pocos casos de un equipo cuyo rendimiento como visitante es muy superior al que consigue como local. Esta tendencia fue muy clara la pasada temporada y amenaza con repetirse este curso.

Los celestes cimentaron su clasificación europea en sus estratosféricos números a domicilio, donde lograron 31 de los 54 puntos que finalmente les dieron el billete continental, pero solo fueron capaces de sumar 23 al calor de su apasionada afición. Uno de esos extraños guiños del fútbol que no tiene fácil explicación, pero que se está repitiendo esta temporada. En las cinco primeras jornadas ligueras, el rendimiento del equipo ha sido claramente más sólido lejos de Balaídos. Tanto que los celestes han obtenido fuera de casa los 3 puntos que actualmente adornan su casillero y permanencen invictos tras visitar Mestalla, el Reale Arena y el Coliseum, pese a no haber ganado todavía a domicilio. El balance es de dos porterías a cero y un solo gol encajado en 270 minutos.

En casa, en cambio, los celestes cuentan por derrotas sus dos partidos (Osasuna y Athletic) con 4 goles en contra y solo uno a favor tras 180 minutos sobre el verde. La paradoja es que el Celta concede muy poco al rival lejos de Balaídos, pero no le alcanza para ganar debido a su falta de gol, mientras que en Balaídos sigue con problemas para generar ocasiones y goles, pero carece del rigor defensivo que muestra fuera de casa.

Este mismo patrón se produjo el pasado curso, cuando casi el 60% de los 54 puntos conseguidos por el Celta, concretamente el 57,4%, procedieron de sus desplazamientos. Lejos de Vigo, el conjunto de Giráldez ganó ocho partidos, empató siete y solo perdió cuatro. Únicamente cayó en los campos de Barcelona, Villarreal, Real Sociedad y Elche. Además, consiguió victorias de enorme valor en el Bernabéu (0-2) y en el campo del Atlético de Madrid, donde no ganaba desde hace dos décadas.

En la pasada Liga, el Celta fue el tercer mejor visitante, solamente superado por Barcelona y Real Madrid, y firmó con 31 puntos su mejor campaña a domicilio en Primera División. En cambio, sus 23 puntos en Balaídos lo situaron como penúltimo equipo de la categoría como local. Los celestes no sumaron su primer triunfo en casa hasta el 14 de diciembre (jornada 16) frente al Athletic (2-0) y solo fueron capaces de conseguir 6 victorias (Athletic, Valencia, Rayo, Mallorca, Elche y Sevilla) y 5 empates (Betis, Villarreal, Girona, Atlético de Madrid y Real Sociedad).

La explicación a esta diferencia de rendimiento estaba también la pasada temporada en el rendimiento defensivo. La eficacia goleadora fue muy parecida: el Celta convirtió en gol el 34,9% de sus tiros a puerta en casa y el 34,3% fuera. Por tanto, la diferencia no estuvo en la puntería ni en la capacidad para rematar, sino principalmente en lo sucedido en su propia meta: recibió 28 goles en Balaídos y solo 20 como visitante. Fuera necesitó menos volumen ofensivo para puntuar porque defendió mejor, fue capaz de sostener marcadores cortos y rentabilizó más cada gol. En Balaídos generó más oportunidades, pero sus partidos fueron más abiertos y los rivales castigaron con mayor frecuencia sus pérdidas.

El Celta tiene la posibilidad de revertir la tendencia antes del primer parón de selecciones de LaLiga. La primera oportunidad se les presenta este mismo domingo, con la visita del recién ascendido Málaga, que tampoco ha empezado bien y suma dos empates. El sábado siguiente, tras el debut europeo en Nicosia contra el Omonia, los celestes reciben a un Racing de Santander que también se reestrena en la categoría y ha sumado hasta ahora un punto más que los celestes. Es el momento oportuno para reaccionar, responder al entusiasmo de la grada con una alegría y remontar el vuelo en la tabla.

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