«Sufrir de esta manera es lo que va a hacernos más fuertes», decía Pierre-Emerick Aubameyang tras el triunfo del Deportivo frente al Villarreal en La Cerámica el sábado. Poco más de doce horas después del éxito de los hombres de Antonio Hidalgo, el Dépor Abanca reforzó las palabras del astro gabonés con un empate cardíaco en el Heliodoro Rodríguez López frente al Costa Adeje Tenerife (0-0). No hubo goles, pero sí emoción y mucho trabajo para sumar el primer punto del curso en el casillero blanquiazul, en un duelo que las de Alberto Rodríguez dominaron en la segunda parte, pero en el que terminaron pidiendo la hora tras la expulsión de Casti en la recta final. Un ejercicio de madurez y resistencia para un equipo que apenas superó los 21 años de edad de media en Canarias.
Sin Eva Alonso, lesionada ante el Sevilla, en la medular se vivió un peculiar cruce de caminos: el de Paula Hernández y el de Henar Muiña, que este verano intercambiaron Tenerife y A Coruña. El Deportivo sabía que se enfrentaba a un equipo que aspira a luchar por Europa, consolidado en el escalón noble de la categoría, pero no se achicó. Buscó la pelota, quiso jugar y fue valiente. Presionó arriba, tanto que Espe Pizarro estuvo a punto de dar el primer gran susto a Noelia Ramos antes del minuto y medio. Lucía Pardo se desgastó en el trabajo entre centrales y Daniela Carcas se transformó en muro de hormigón armado para frustrar, una y otra vez, las intenciones ofensivas del cuadro canario. A la colombiana todavía le quedó energía para doblar a una voluntariosa Michi Apóstol por la derecha, meter un centro y, tras un toque de la venezolana, generar la ocasión más clara que Pardo culminó sin fortuna.
Ninguno de los dos equipos parecía encontrar la manija del partido. Vega estuvo rapidísima para cortar en la banda contraria una cabalgada de Iratxe tras un malentendido de Ranera y Casti , pero reinaba el equilibrio. Los equipos se neutralizaban. Tanto, que el dato de posesión camino del vestuario fue del 50% para cada uno.
Del dominio a la asfixia
El Deportivo volvió de la caseta con otra cara. Decidido a mandar y a ganar. Alberto Rodríguez intercambió las posiciones de Pizarro, que pasó a la punta de ataque, y Pardo, que se escoró a la izquierda, para que la uruguaya relevase a la gallega en la ingrata labor de la presión. Las coruñesas se volcaron sobre el área de Noelia Ramos y asumieron la iniciativa sin complejos. El mayor peligro llegó desde los costados, con un par de centros bien intencionados que no encontraron rematadoras en el área tinerfeña, y desde la distancia, a través de lanzamientos lejanos. El cuadro blanquiazul borró del mapa al conjunto canario y, pese a que le costó elaborar en la zona de tres cuartos, encontró en los envíos largos una solución efectiva a sus problemas. Aunque el mayor escollo, el de encontrar el gol, se seguía resistiendo.
Hasta el minuto 83. Cuando mejor estaban las coruñesas y el tanto visitante parecía cuestión de tiempo, Casti cometió una peligrosa falta en la frontal que le supuso la segunda amarilla. El Dépor se quedó en inferioridad en una recta final en la que el calor se hizo notar, pese al carrusel de cambios en ambas alineaciones. El desenlace se convirtió en un monólogo local en el que destacó Andrea Tarazona, con dos manos milagrosas que mantuvieron vivas a las deportivistas. Tocó achicar aguas y apretar los dientes. El Tenerife reclamó penalti de Paula Novo, que la colegiada desestimó tras revisarlo en el FVS, y la prioridad cambió: de ganar tres puntos a conservar uno. Lo logró, con mucho estrés y las pulsaciones disparadas, un equipo todavía en construcción que ya se atreve a mirar a la cara a los grandes equipos de la Liga F.